Septiembre en El Oeste, con El Idiota, El Modernista y La Luna Enferma. · 604 días atrás by Alexander Percy Blake

Unidades semánticas (serie pentativa):
1- El Idiota
2- La Luna Enferma
3- Septiembre
4- El Modernista
5- El Oeste

Funciones narrativas (serie pentativa):
1- Central
2- Anecdótico
3- Como motivo
4- Como consecuencia
5- Como contexto

Serie 1: (3D – 2A – 5B – 4C – 1E)
En septiembre todo se revoluciona en el sur; billones de granos de polen, que no son otra cosa que explícitas cartas eróticas enviadas hacia todas partes, trazan trayectorias que ni la mejor flecha podría.
Cada final de septiembre muere la muerte y despierta el sueño del egoísta que cada ser encierra en su interior: el delirio onírico del crecimiento ilimitado de la planta oculta en cada planta, la pesadilla del hambre infinito del animal enjaulado en cada animal y el deseo de desfloración gritado al viento por la flor cautiva dentro de cada flor.
La Luna Enferma, por la noche sale y enferma; contagia su mal con una luz raquítca que pareciera alimentar más a la sombra que a aquello que se expone a su aliento.
Apenas entra al cielo, reordena todas las cosas de la noche y se ubica en el centro; tiende sus hilos -idénticos a los de las telarañas- todo lo ata y luego tira del mar.
En el oeste siempre se la espera, y siempre hay un oeste luego del oeste… el oeste es un lugar infinito lleno de desiertos cruzados por caravanas de siameses, enanos, fieras y prodigios.
Todos esperan a la luna para salir a pasear.
El modernista fue el primero en advertir la covulsión de septiembre, el teatro de hilos de la luna enferma y la falta de fin del oeste.
Gracias a él todo esto está en un diagrama, dibujado y comentado para que se entienda bien.
Lo simplificó y lo narró desde el principio para que lo entendiera el idiota: a él iba dirigido el diagrama; fue él quien pidió una explicación de todo.

Serie 2: (1D – 4B – 5C – 2E – 3A)
El idiota es así de idiota -visto de cierta forma- por culpa de la luna enferma, aunque visto de otra manera, la culpa bien puede ser del oeste, de septiembre, de él mismo o del modernista.
Según este último, el idiota es idiota como consecuencia de todo; de hecho en su diagrama demuestra que el idiota funcionaría en otros ámbitos como “el malhumorado”, “el gracioso” o “el hombre medio”.
Pero como en otras partes del diagrama el modernista demuestra lo opuesto y otras trescientas posibilidades más, sus opiniones terminan ahogándose en sí mismas.
Sin embargo el oeste, en su presencia lineal sin límite, en su identidad relativa de ser el negativo de algo que tampoco termina de ser, tiene bastantes posibilidades de ser causante de cosas. Por ejemplo, de personas o de situaciones idiotas.
¿No es idiota acaso pretender orientarse a partir de cuatro puntos cardinales de lo cuales tres no están en ningún lugar fijo? ¿No es absurdo que en el dominio infinito del oeste estén también y permanentemente el este, el norte y el sur? Si “allí” está dentro de “aquí”, ¿no se funden ambos en “ningún lugar”?
Tal vez en toda esta enorme imprecisión y relativismo el único verdadero lugar donde las cosas puedan suceder, sea la luz de la luna enferma; parece incontrastable y seguro que cuando algo está en esa luz no está en ningún otro sitio.
¿O será como dijo alguna vez el idiota, que el lugar no es otro que septiembre, que contrariamente a cualquier tiempo es espacio; contrariamente a cualquier sitio no es contexto sino figura, y contrariamente a cualquier figura no es una sino multiplicación misma?
Considerando una nube de granos de polen, podría tener razón…

Serie 3: (3B – 1E – 4D – 2C – 5A)
Es cierto que ese mes pauta bastante todo lo que ocurre en él, pero no más cierto que el hecho de que todo lo que tiene lugar en septiembre, ya existía en agosto, al menos ese es el caso de la luna enferma, del idiota, del modernista y del oeste.
Pueden producirse cambios, claro, pero en esencia todos ellos siguen siendo en septiembre lo que ya eran antes del primero de mes.
Por ejemplo el idiota sigue rodeándolo todo con sus tremendas idioteces, sigue ofreciendo su visión de las cosas, que se halla dentro de su compleja idiotez.
A partir de este hecho, de notar que la idiotez tiene la poderosa capacidad de rodear las cosas, las situaciones y las personas allí donde esté, el modernista se detuvo a preguntarse lo siguiente:
¿Está la luz dentro de la oscuridad o la oscuridad dentro de la luz?
Él siempre preguntaba esto a quien acababa de conocer y deducía de su respuesta si esa persona era básicamente optimista o pesimista; si consideraba a la luz dentro de la oscuridad, su visión era pesimista, pero si se volcaba por la otra opción es que en su espíritu ganaba el optimismo.
Tal vez la luna enferma fuese el motivo de tales pensamientos, aunque, ¿Podría considerarse su luz mórbida una voz de esperanza en la noche cerrada?
¿O era más asimilable ese aliento mortesino a la perturbación de una oscuridad plena, espacial y feliz, a una visión desalmada de la llanura?
El oeste, ese no-lugar era más bien el centro que está siempre en ninguna parte; fuera de todo, del optimismo, del pesimismo, de la posibilidad de ubicación… igual que el centro de la brújula -juguete falaz e ilógico- que no está ni al norte ni al sur ni al este ni al oeste, sino “aquí”, donde “aquí” es “en todos los sitios”.

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