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Ahora mismo, mientras lee esto, usted está viajando en el tiempo a la velocidad de un segundo por segundo. Como todo lo demás, como todo lo que lo rodea.
Por ese motivo, porque todo viaja con usted a la misma velocidad, es que no nota ese “movimiento en el tiempo”.
Sabe que está “ahora” y no “antes” porque la memoria lo ayuda a establecer esa distancia relativa en el tiempo; sin esa memoria, sin esa persistencia del pasado en su mente, la noción de tiempo jamás se hubiera formulado.
Eso es así en la actualidad, pero también lo fue en el pasado : siempre se viajó en el tiempo, sólo hacia adelante y a la velocidad de un segundo por segundo, de una hora por hora, de un siglo por siglo.
Entonces, si siempre hicimos viajes temporales hacia adelante y al a misma velocidad, ¿la percepción del tiempo fue siempre la misma?
Como toda noción cultural, la del tiempo cambia cuando cambia la cultura, de manera que no siempre lo concebimos de la misma forma.
Por ejemplo, en lo que a su ocupación se refiere, si bien es cierto que siempre (hace 3000 años, en el 380, en el SXVII y ahora) estuvimos muy ocupados, estuvimos sin tiempo, también lo es el hecho de que cada vez son necesarias más cosas para llenarlo.
En términos relativos y haciendo de nuevo foco en la ocupación del tiempo, una persona en la edad media lo vivía de manera similar -según la relación ocio/estrés- a como lo vivimos nosotros.
En términos absolutos -y aquí una primera diferencia- la vida de una persona muy ocupada de hace apenas 100 años era más tranquila que la de alguien con muchos momentos de ocio de la actualidad.
Si tuviera que votar por una de estas dos opciones, diría que nuestras acciones son más pequeñas en términos temporales, es decir más rápidas, y como consecuencia de esto nuestro presente se ve más amplio; cabe más en el mismo lugar.
Si la pregunta que se escribe en su cabeza ahora es “¿Por qué?”, me permito responderla diciendo que “porque estamos dentro de una situación como la del huevo y la gallina”.
La situación orgánica a la que me refiero es la representada por “mejores herramientas” por un lado, y “acciones más rápidas” por el otro.
Podemos hacer más rápido cosas que anteriormente demandaban mucho más gracias a mejores herramientas para hacerlas, lo que nos permite percibir un modelo detiempo más elástico -y veremos que es en el sentido de "más manipulable"- que vuelve a alimentar el proceso que “empequeñece” nuestras acciones y genera nuevas herramientas.
Cuando digo “más manipulable”, “más elástico” hablo del que tal vez sea el más profundo cambio en la percepción del tiempo desde hace siglos.
Para nuestra cultura occidental, siempre el pasado estuvo “detrás”, el presente “aquí” y el futuro “delante”, colocados en una progresión secuencial.
Nuestra forma más natural de representar al tiempo es en una línea que respeta nuestro sentido de lecto-escritura, colocando al “antes” a la izquierda y al “después” hacia la derecha.
Y aquí podemos enlazar con un ejemplo que nos permita ver claramente cómo las herramientas terminan forjando matrices de pensamiento y nociones.
La “forma” de un film se nos presenta totalmente compatible con nuestro modelo del tiempo: es lineal, reconoce un “antes” y un “después”, y en la mayoría de los casos, lo que conforma el estándar, uno luego del otro.
Con la democratización -popularización- de las herramientas de edición de video y de otros formatos basados en líneas de tiempo, se hizo más palpable y natural “ir” fácilmente tanto “hacia adelante” como “hacia atrás” en el tiempo para disponer y efectuar acciones.
Aún antes ya estaban al alcance de cualquiera las herramientas de reproducción de material audiovisual -y antes todavía las de sólo audio- que permitían tratar “al tiempo” con una gran facilidad elástica.
Estas herramientas y las nociones que ayudan a contruír no nos permiten manipular al tiempo en sí, pero nos posibilitan percibirlo de otra forma; de hecho, nos posibilitan modificar su “forma”.
Por todo esto es que nuestra percepción presente del tiempo es tan diferente a las del pasado: alterar la imagen de algo es comenzar a alterar ese algo.
Tanto nosotros como cualquier contemporáneo cultural nuestro, somos como una persona sobre una cinta transportadora que va a la misma velocidad de siempre, pero que nos permite -sin poder mover nuestros pies ni un milímetro hacia atrás o hacia adelante- estirar nuestros brazos para tocar al menos cosas que estén detrás o delante nuestro.
Si bien es cierto que no podemos traerlas a nuestro sitio ni nosotros ir realmente donde ellas están, nuestras nociones actuales nos permiten “hacer como”; nos permiten “jugar con la idea” del desplazamiento temporal mejor que antes.
Al menos en lo que respecta al pasado, las posibilidades de “recuperación” del mismo, de “traerlo al presente” rompiendo la secuencia natural son mucho mayores que atrás en el tiempo.
Esta recuperación se desarrolla paralelamente a las habilidades en la documentación de los eventos: hoy existen muchas más “herramientas de evocación” del pasado que antes; en algún momento sólo dispusimos del recuerdo.
Con respecto al futuro , nuestra forma presente de traerlo es la noción de modelo de previsión; un instrumento más preciso que la sola imaginación de la que nos valimos en la historia.
Así se presenta el tiempo presente y nosotros en él: parados y yendo a la misma velocidad de siempre sólo hacia adelante, pero con posesiones cada vez más pequeñas, con gestos cada vez más rápidos y con la posibilidad de ver mejor al pasado y vislumbrar más claramente el futuro.
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